El MIT prueba el desempleo tecnológico

Un artículo de Luka Nieto para Ciudadanos del Mundo

El desempleo tecnológico no es un concepto nuevo ni falto de pruebas, pero ahora sus frutos se ven con más claridad que nunca. Antes de seguir, recordemos de qué se trata: “la creciente automatización acabaría por hacerse cargo del primero, segundo y tercer sector de ocupación. Bien puede sonar utópico, pero si analizamos la curva exponencial de este avance, no hay duda de que lo dicho ocurrirá tarde o temprano: en los últimos cien años, el crecimiento de la producción en los dos primeros sectores ha ido creciendo a la par que la automatización se abría camino, mientras que el desempleo acrecentaba peligrosamente”.

Pues bien, un economista del MIT, una de las universidades dedicadas a la investigación más conocidas del mundo, ha analizado el asunto:

La clase media está desapareciendo y el problema va más allá de la política.
¿Cómo se entenderá el trabajo en la era venidera de la robótica?

El pasado abril, el economista del MIT David Autor publicó un informe centrado en el paisaje cambiante del empleo de los Estados Unidos. Llegó a una conclusión aterradora: nuestra fuerza laboral se está partiendo en dos. La cantidad de trabajos de gran habilidad y altos salarios está creciendo; por ejemplo, abogados, científicos de investigación y managers. También está creciendo la cantidad de trabajos de poca habilidad y bajos salarios; por ejemplo, la preparación de alimentos y los guardias de seguridad. ¿Los trabajos en medio? Están desapareciendo. El autor lo llama “la polarización de las oportunidades de trabajo”.

[…]La erosión de la clase media es un fenómeno mayor que la Gran Recesión. Los trabajos de clase media son cada vez más escasos desde los años 70, y los salarios para los que siguen existiendo se han estancado.

En su informe, David Autor dice que la explicación primordial para la desaparición de la clase media es la “continua automatización y la contratación fuera del país para tareas rutinarias que antes llevaban a cabo trabajadores de moderada educación (entre la escuela secundaria y el grado universitario)”. Explica que las tareas rutinarias son aquellas que “un ordenador ejecutando un programa o un trabajador menos educado en un país en desarrollo pueden desempeñar con éxito”.

En otras palabras, el responsable es la tecnología. La dura realidad que no ves en los telediarios es que la clase media está desapareciendo en su mayor parte porque la tecnología está volviendo obsoletas las habilidades de la clase media.

La gente dice que los Estados Unidos ya no producen nada, pero eso no es cierto. Con la excepción de unas pocas lagunas, la producción de la manufactura lleva aumentando desde los años 80. Lo que es cierto es que los robots industriales trabajan cada vez más en el sector desde que aparecieron en los años 50. […] No es sólo el sector de manufactura. Los centros de llamada automáticos están reemplazando a los agentes de servicio del consumidor. Las cajas automáticas empiezan a reemplazar a los dependientes de los supermercados. […]

Si esta polarización continúa, […] si las habilidades y talentos que se recompensan económicamente son cada vez más difíciles de adquirir, puede que la gente que nunca se había considerado estudiante de Marx empiecen a preguntarse si, dadas las circunstancias, sigue teniendo sentido pagar a la gente basándonos solamente en la demanda de sus habilidades en un mercado que que exigiría muy pocas habilidades.

Si las fuerzas mercantiles y la automatización creciente dejan a la gente común sin oportunidades de trabajo decentes, quizás podamos -o debamos, obligados moralmente- remoldear la oportunidad de hacer un trabajo significativo no como un privilegio, sino como algo que todo el mundo merece.

El autor del artículo tiene razón al decir que esta automatización es “un hecho inquietante” a corto plazo pero que la capacidad de la automatización para liberar a la humanidad de los trabajos repetitivos es también esperanzadora, si ocurren los cambios necesarios. Y no debemos olvidar ni el hecho en sí ni la condición; tened claro que la pregunta que debemos hacernos no tiene nada que ver con la tecnología, sino con la sociedad, la economía y la política:

¿Podremos cambiar nuestras leyes civiles y económicas y nuestra cultura a tiempo?

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